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¿Sabes cuándo se inventó el parabrisas en los coches?

El parabrisas, un invento que data del año 1903, y a día de hoy uno de los elementos de seguridad más indispensables en cualquier vehículo. Se descubrió por casualidad en 1903 cuando al inventor francés Edouard Benedictus se le cayó al suelo un vaso de vidrio y no se rompió al contener nitrato de celulosa que había quedado seco en su interior.

El fundador de Ford, Henry Ford, fue pionero en fabricar cristales para el automóvil más seguros ya que el público tenía miedo a instalar este elemento en los coches por las roturas que causaban los primeros cristales debido a su fragilidad. Ford encargó a uno de sus mejores diseñadores que fabricara un cristal más resistente.

A partir de los años 30, el cristal laminado se popularizó y comenzó a utilizarse en máscaras de gas y en vehículos. Es entonces cuando el parabrisas se convierte en una de las innovaciones de seguridad más importantes al reducir las lesiones, evitar que los pasajeros salgan despedidos y proteger del aplastamiento el techo del vehículo en caso de accidente.

Oldsmobile fue la primera marca que incluyó el parabrisas como un elemento de serie en todos sus vehículos a partir de 1915. Sin embargo, Ford lo ofrecía desde 1908 en su Modelo T, como una opción extra a un precio de 100 dólares. El primer parabrisas de una sola pieza con formas curvas lo empleó Chrysler en 1934, en su modelo Airflow Custom Imperial 8. Mucho más tarde llegó el primer parabrisas panorámico, del que presumía el concept car de General Motors LeSabre, presentado en 1951.

Fuente:  Carglass vía noticias.coches.com

¿Por qué se rompe el parabrisas del coche?

¿Por qué un fuerte golpe no rompe el parabrisas y un leve toque lo puede hacer estallar en mil pedazos? El estrés, la humedad y las grietas creadas por la tensión por fatiga son la explicación. Aunque a primera vista el estado de tu parabrisas pueda parecerte perfecto, la realidad puede ser muy distinta y su resistencia real a cualquier impacto, por pequeño que este sea, puede estar completamente quebrada y poner en peligro tu seguridad y la de cuantos viajan contigo a bordo de tu coche.

La resistencia real del vidrio es mucho más baja que su resistencia teórica. Esto es lo que explica las anomalías que muchas veces percibimos sobre los distintos mecanismos que provocan la fractura de un parabrisas. La primera teoría que se publicó para tratar de explicar el por qué los vidrios se fracturan (A.A. Griffith, 1921) ya lo dejaba claro: el estrés necesario para que un impacto se agrande es inversamente proporcional al tamaño del impacto. Es decir, cuanto más grande sea el daño, menor fuerza será necesaria para aumentar su tamaño. En definitiva, que a media que aumenta el tamaño del impacto más se reduce la resistencia del parabrisas en su conjunto.

Esto quiere decir que cualquier microrrotura, esas que prácticamente no se aprecian a simple vista a veces ni tan siquiera haciendo una revisión del parabrisas, puede haber quebrado por completo la resistencia del mismo a recibir impactos.

Otro de los factores que también inciden en deteriorar la resistencia del vidrio es la humedad ambiental existente. Un estudio de 1967 (S. Wiederhorn) profundizó en esa teoría y demostró cómo incluso con tensiones extremadamente pequeñas, ante la presencia de humedad un impacto en un vidrio crece de forma continuada, sin parar, aunque sea tan sólo molécula a molécula. Estudios más recientes de Belron Technical sobre esta materia han demostrado que la temperatura y sus variaciones también son factores que hacen crecer los daños ocultos en un parabrisas.

Los parabrisas están sometidos a un estrés constante desde el mismo momento de su fabricación. El corte del vidrio, su doblado y curvatura e incluso el laminado interior que evita que si se raja estalle en mil pedazos hacen que persista en el vidrio un estrés residual congelado desde el momento de su producción. El tamaño, forma, curvatura, e incluso la propia orientación, inclinación y distribución de sus masas también le generan importantes tensiones internas. Y ese difícil equilibrio alcanzado en el momento de su producción puede perderse definitivamente cuando el parabrisas recibe un impacto, por pequeño que este sea.

Otra fuente del estrés que sufren los parabrisas procede de su propia instalación en el marco que deben ocupar en el coche. Los adhesivos que lo unen al vehículo también pueden provocar tensiones adicionales. Esto se debe tanto a las tolerancias dimensionales como a los tipos de adhesivos empleados para su fijación. Cada parabrisas puede tener un patrón de tensión debido precisamente a que las propiedades del cristal pueden variar de un lote a otro.

Al estar integrado en la masa estructural del vehículo como un componente más para aportar rigidez a la carrocería y contribuir a que el techo del coche no se hunda en caso de vuelco, la composición del parabrisas sufre igualmente los efectos de factores como la torsión que sufre la carrocería debido a las importantes fuerzas G que se generan en los distintos momentos de aceleración, deceleración o al tomar el vehículo una curva. ¿Sabías que pasar por un badén a 30 km /h genera una fuerza equivalente a 5 G de aceleración en el parabrisas?

Y tampoco podemos olvidarnos que, como todos los metales, la carrocería del coche se expande y contrae (aunque apenas sea en medidas inferiores al milímetro) a causa de los cambios de temperatura. Estos pueden ocasionar alteraciones en la carrocería, que se expande o contrae por este tema, incrementando con ello la tensión y el estrés que sufre el parabrisas. Por eso cambios bruscos de temperatura, como los que provocamos cuando en invierno tratamos de descongelar el parabrisas con agua caliente o en verano con el aire acondicionado cuando dirigimos directamente hacia él los chorros de aire, pueden provocar que el cristal se raje o estalle.

¿Qué dicen las pruebas de parabrisas?

En experimentos realizados sobe parabrisas que presentaban picotazos o pequeños impactos sobre él la temperatura externa de -10 º, el 81 % parabrisas se rompió en menos de 5 minutos después de encender la calefacción del coche. A -5º lo hizo el 70 % e incluso a 0º el 59 % de los cristales se rompieron.

Esa misma prueba se efectuó con parabrisas ya reparados con el sistema de que utilizan marcas como Carglass o Belron para reparar esos pequeños impactos en vez de sustituir el parabrisas entero. Ninguno de los parabrisas reparados se rompió. La prueba también se hizo en la situación contraria. Los parabrisas se calentaron en su zona exterior hasta alcanzar los 80º C mientras la zona interior permanecía a 30 º. Aunque los parabrisas no llegaron a colapsar el impacto creció visiblemente, lo que provocará que en caso de repetirse el escenario acabe quebrando igualmente.

Todas las conclusiones de las investigaciones efectuadas por técnicos en la materia llegan siempre a la misma conclusión: un cristal con un impacto, siempre acaba rompiéndose. Tardará más o menos tiempo en hacerlo, pero siempre se rompe. Por el contrario, un cristal reparado recupera siempre su resistencia original.

Así que si quieres evitar sustos imprevistos, en caso de que detectes pequeños impactos en el parabrisas de tu coche no lo dudes y llévalo a reparar. La mayoría de las pólizas de seguro cubren estas reparaciones y estas se efectúan en apenas una hora por lo que te será difícil encontrar una excusa para no hacerlo y evitar un posible accidente.

Fuentes: Carglass / noticias.coches.com

Qué hacer en caso de rotura de luna

Lo que al principio es un chinazo o una pequeña fractura, puede convertirse en un daño mayor que te obligue a cambiar la luna. Si no quieres llegar a este extremo, lo mejor es ponerse cuanto antes de camino a un especialista de lunas y olvidarse del taller del fabricante. La reparación puede durar media hora y tiene un precio de unos 60 euros.

El ahorro es bastante evidente teniendo en cuenta que un parabrisas nuevo puede costar entre 200 y 450 euros. Además, también ganas tiempo, ya que una reparación de este tipo solo toma media hora, mientras que la sustitución está en torno a las dos horas. ¿Por qué se tarda tanto en sustituir una luna? La culpa de que sea tan laborioso es que los cristales de hoy en día ya no van calzados, sino pegados.

 

Una vez instalada la nueva pieza, no se debe mover el vehículo durante una hora, ni siquiera con la grúa elevadora. Se variaría la tensión en el marco del parabrisas y, al bajar del coche, la luna saltaría. Sin duda, es un trabajo minucioso. Ante todo, el cristal no debe estar dañado en las zonas de adherencia destinadas al pegamento. Si el marco está rayado, lo primero que hará el técnico es proteger la zona con antioxidante. Si no se limpia bien bajo el cristal, al cabo de dos años se harán visible manchas de óxido en el pilar A.

¿Cambiarlo tú mismo? Una labor complicada

Otra de las alternativas a las que puedes recurrir para sustituir una luna es acudir a alguno de los talleres que te alquilan su espacio para que realices tus chapuzas. Pero debes tener en cuenta que una cosa es cambiar el aceite y otra muy diferente, sustituir un cristal.

La duración del proceso dependerá de tu maestría en el arte del bricolaje automovilístico. De cualquier forma, el dinero que puedes ahorrarte no será mucho y corres el riesgo de no instalarlo bien al no ser un profesional especializado como los que existen en los talleres.

 

Lo mejor es tener un seguro que cubra su sustitución… pero no todas las modalidades tienen esta cobertura. Los seguros a todo riesgo suelen incluir esta operación. En el caso de la modalidad a terceros, la cosa cambia. Debes pagar un extra por esta cobertura.

Independientemente del coste, las sustitución de la luna puede incidir de manera negativa en la bonificación que te da tu compañía por la prima de siniestralidad, aunque haya sido por el impacto de una piedra. Otra de las trampas que esconden las coberturas relacionadas con los crsitales es que, algunas compañías solo aseguran el pago de la operación hasta un límite de dinero. Si se pasa, tendrás que pagar la diferencia. También deberás mirar en la letra pequeña si tu seguro cubre los daños en opcionales como el techo solar.

Para reparar un ‘chinazo’ en la luna tienes varias opciones:

1. Reparación rápida. El resultado no será nunca como colocar un parabrisas nuevo, pero la pequeña cicatriz pasará inadvertida para la mayoría, salvo que se mire con lupa. Hay una regla de oro: cuanto antes, mejor. Tras el impacto, lo indicado es ponerse en camino cuanto antes al taller de reparación de lunas. Hay uno en casi todas las ciudades. La reparación está lista en menos de una hora y la diferencia de precio es considerable. En algunas ocasiones, hasta un 80% más económica.

2. Recambio. Cuando se trata de una grieta profunda o una amplia zona rayada, solo queda una opción: adiós al viejo parabrisas. El montaje de una luna nueva es una ciencia aparte. Para un recambio casero de máxima urgencia mejor experimentar solo con parabrisas calzados.

 

Si te quedas sin parabrisas en marcha

 

Si tienes la mala suerte de que, durante un viaje largo, tu parabrisas estalle y se agriete por mil sitios o, simplemente, se rompa por completo y te quedes sin él, no intentes llegar seguir conduciendo para llegar a tu destino, pues lo más probable es que sufras un accidente o pongas en riesgo la seguridad del resto de conductores.

En estos casos, “lo mejor es llevar el coche al taller inmediatamente y, si es posible, en una grúa”, recomienda Fernando González, subidrector de la Asesoría Jurídica del Comisariado Europeo Del Automóvil (CEA).

Vibraciones en vías mal pavimentadas, chinazos de volquetes abiertos, pedruscos en túneles y laderas… Para evitar sustos, sigue estas pautas:

1. No pegues volantazos

2. Reduce la velocidad hasta detenerte en un lugar seguro

3. Señaliza tu posición con luces y triángulos como se hace en toda inmovilización por avería.

4. Consigue la luna de recambio y llama a la grúa.

Texto original: Autobild